Clasificación de las etapas del neurodesarrollo
La «velocidad» del neurodesarrollo no es, ni mucho menos, constante. En estos 20 años habrá momentos en que el encéfalo –la parte del sistema nervioso que está contenida en el cráneo: cerebro, cerebelo y tronco del encéfalo– aumentará de tamaño a una velocidad asombrosa y otros en que parece que esté estancado su crecimiento. Generalmente en estos períodos de crecimiento rápido es también cuando más cambios y adquisiciones se aprecian en el neurodesarrollo.
Como el neurodesarrollo es tan complejo, he pensado que para facilitar su comprensión, y con fines meramente divulgativos, podríamos dividirlo en etapas. Pero teniendo en cuenta no solo la edad, como se hace habitualmente, sino nombrándolas según la facultad más relevante adquirida en cada una de ellas.
Etapas del neurodesarrollo
El neurodesarrollo es un fenómeno que sucede en un continuo, no hay separación real, no existen etapas. Además en todo momento suceden simultáneamente múltiples procesos y adquisiciones de muy variadas habilidades. Pero siempre hay alguna adquisición que “protagoniza” cada etapa, porque en ese momento tiene mayor peso o su aparición es más notoria que las demás. Caracterizando estas etapas, podemos simplificar la observación del desarrollo del sistema nervioso.
Siempre hay que tener en cuenta la variación individual, que es enorme, por eso las edades señaladas para separar una etapa de otra son aproximadas.
Aclarado que en el neurodesarrollo todo sucede simultáneamente, propongo dividir el neurodesarrollo en 4 etapas
Neurodesarrollo anatómico
El desarrollo anatómico, la adquisición de la estructura cerebral tal cual será en el cerebro adulto, es el fenómeno que predomina en el neurodesarrollo prenatal –vida intrauterina– (¡gracias mamá!).
Durante la gestación la velocidad del neurodesarrollo, embrionario y fetal, es rapidísima y suceden fenómenos extraordinariamente complejos. Esto es evidente ya que la célula postconcepcional –cigoto– se convertirá en un complejísimo organismo vivo, un ser humano, del que su cerebro se lleva la palma en complejidad ¡y en solo 38 semanas!
La velocidad de crecimiento es asombrosa en este período: en 9 meses el cerebro alcanza un peso de unos 350g y la capacidad craneal tiene un perímetro entre 33 y 36 cm de media.
Para entenderlo aún mejor, podemos a su vez subdividir esta etapa de neurodesarrollo anatómico en tres, de modo que cada «subetapa» coincida con un trimestre del embarazo y caracterizar cada trimestre según los fenómenos más significativos que suceden en el neurodesarrollo:
- En el primero predomina la generación de nuevas células.
- Podríamos llamarlo subetapa de génesis celular.
- El segundo trimestre se caracteriza sobre todo porque las células se agrupan conformando los distintos órganos –cerebro, cerebelo, tronco del encéfalo, médula espinal y nervios– del sistema nervioso.
- La llamaremos subetapa organizativa.
- En el tercero empieza el aumento de tamaño de estos órganos, que como sabemos no acaba con el nacimiento.
- Bien podríamos decir que es la subetapa del crecimiento anatómico.
Al final de la gestación el feto, cada uno de nosotros antes del nacimiento, tendrá un cerebro en el que pueden distinguirse sin dificultad las estructuras características del cerebro humano. Si bien la madurez aún está lejos.
Generalizando mucho, podemos decir que será más fácil que las agresiones que pueda sufrir el neurodesarrollo en esta etapa anatómica causen anomalías en la estructura de los órganos del sistema nervioso central, lo que inevitablemente causará una disfunción encefálica.
Neurodesarrollo de la autonomía motora
Es evidente que al nacimiento el cerebro no está completamente desarrollado, le queda mucho camino por recorrer. Y en ese camino los 3 primeros años de vida van a ser cruciales. Durante estos años las personas adquirimos autonomía y dominio de las funciones motoras conscientes de nuestro organismo.
El cerebro es un órgano que solo sirve a los seres vivos que se desplazan de un lugar a otro. Los seres vivos «estáticos» carecen de cerebro, de sistema nervioso. Esto es lógico, pues el cerebro es nuestro órgano de relación, el que nos permite analizar el medio para dar una respuesta adaptada a lo que sucede en cada momento. A su vez, al movernos, nuestra capacidad de modificar el medio es mucho mayor que la de los organismos que están quietos.
La importancia del movimiento se ve reflejada en la «distribución» de tareas que tienen las células encefálicas. De los aproximadamente 100.000 millones de células que tiene el cerebro humano adulto, la mitad se encargan de elaborar la información y coordinar los movimientos, mientras que la otra mitad se concentra en las funciones conscientes y “superiores” de nuestra mente, que casi siempre tienen relación y se coordinan con la realización de un movimiento.
Volvamos al neurodesarrollo, en los 3 primeros años de vida la velocidad con que avanza sigue siendo muy rápida lo que coincide con la máxima velocidad de crecimiento craneal que alcanzamos en la vida postnatal. La circunferencia craneal media pasa de los 34 cm a los 50, ¡eso son 16 cm de diferencia! Nunca volverá a crecer tanto en tan poco tiempo.

Ya sabemos que el crecimiento cerebral postnatal se produce más porque porque las neuronas aumentan sus conexiones, y por tanto su tamaño, que porque aumente su número.

Pensemos en un recién nacido: no puede hacer nada por sí mismo, ni siquiera cambiar de postura. En cambio un niño de 3 años hace tiempo que ha aprendido a andar solo –también corre, salta, sube escaleras o chuta una pelota–, tiene ya preferencia por una mano para las tareas complejas –comer o garabatear–, domina el habla –aunque no el lenguaje–, y es capaz de controlar esfínteres –de modo que ya sabe utilizar un orinal–.
Todo ello supone motricidad, movimiento, neurodesarrollo de los circuitos motores. Sí, incluyendo el del habla, como ya vimos en la entrada sobre habla y lenguaje.
En este período tan sensible, las agresiones cerebrales provocan más fácilmente daños difusos. Es en esta etapa cuando se diagnostica con certeza la parálisis cerebral –hacia el año de vida–, y empiezan a detectarse los retrasos del lenguaje y la interacción social.
Neurodesarrollo del lenguaje y del conocimiento del entorno
En los siguientes 7 años, de los 3 a los 10 años, la velocidad del neurodesarrollo –y del desarrollo en general– se enlentece. Sigue con buen ritmo, pero mucho más lento que en los 3 primeros años de vida. En estos años de la infancia las personas adquirimos el dominio del lenguaje y con él aprendemos a comprender el mundo que nos rodea.
A nivel corporal, un niño de 3 años tiene ya todos sus dientes de leche, el abdomen ya no es redondeado y la longitud del tórax supera la de la cabeza, pierde el aspecto de bebé y se hace más longilíneo. El crecimiento corporal va haciéndose cada vez más evidente, y aproximadamente aumenta unos 3 Kg de peso y 7 cm de longitud por año.
La circunferencia craneal pasa de 50 cm a los 3 años de edad, a 53 a los 10 años: aumenta «solamente» 3 cm. En esta etapa, aunque siguen construyéndose nuevos circuitos neuronales, predomina la consolidación de los circuitos formados en la etapa anterior. La mielina va envolviendo los circuitos que se hacen más consistentes con el uso y así va engrosándolos, siendo este aumento de grosor lo que más hace crecer el cerebro en esta etapa.
Este enlentecimiento del crecimiento se corresponde con una disminución del apetito y del ritmo de las comidas, y con menos necesidad de horas de sueño, en la mayoría de niños desaparece la siesta.
En cuanto al neurodesarrollo predomina aquí el progresivo dominio del lenguaje y con él, la evolución del pensamiento, la comprensión del entorno y la sociabilidad.
Puesto que la principal función del cerebro humano es relacionarse con el entorno, necesita de una herramienta que le permita comprenderlo, hacerlo suyo, para transmitirlo a otros.







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